Violencia en el mundo en el que vivimos.

Apocalipsis 12:17 “Entonces el dragón (Satanás) se enfureció contra la mujer (la Iglesia), y se fue a hacer la guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.”

El día de hoy aquí en México estamos viviendo tiempos muy violentos en los cuales uno tiene que cuidarse tanto de los criminales, que fácilmente pueden ser nuestros vecinos, así como autoridades civiles, vestidos de ovejas más por dentro son lobos feroces dispuestos a destruirnos por unas monedas, sufrimos violencia hasta en los medios de comunicación que nos muestran imágenes nada propias en novelas que pasan en horarios vespertinos, así como en la barra de programas infantiles donde muestran a nuestros pequeños como pelear a sus semejantes.

El presidente Thomas S. Monson, dijo: “Hemos venido a la tierra en tiempos difíciles”; y el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008): “Vivimos en una época en que los hombres violentos hacen cosas terribles e infames; vivimos en una época de guerra…”

Casi todos conocemos a alguien que ha recibido una llamada de extorsión simulando tener a un familiar secuestrado y pidiendo una cantidad de dinero por su rescate, la gran mayoría sabe que en su vecindario ha sido fuertemente golpeado o han ingresado en el hogar de alguien o al matado a algún vecino.

No existe día alguno en que en las noticias no digan algún hecho violento en nuestra ciudad, es más hay un programa de burla a quienes han caído en la barandilla.

Nuestro Padre Celestial sabía que esto ocurriría, un ejemplo de esto es la escritura que revisamos en apocalipsis en el primer párrafo de este escrito. Por tal razón Dios mismo llamo a un Profeta en nuestros tiempos  D. y C. 1:17

17 Por tanto, yo, el Señor, sabiendo las calamidades que sobrevendrían a los habitantes de la tierra, llamé a mi siervo José Smith, hijo, y le hablé desde los cielos y le di mandamientos;
Uno de estos mandamientos era precisamente el sacar a la luz El Libro de Mormón, D. y C. 1:29.

29 Y para que mi siervo José Smith, hijo, después de haber recibido los anales de los nefitas, tuviera el poder para traducir el Libro de Mormón mediante la misericordia y el poder de Dios.

Pero porque en especial el Libro de Mormón. La respuesta esta en la Introducción del mismo libro.

 

“UN RELATO ESCRITO POR LA MANO DE MORMÓN SOBRE PLANCHAS TOMADO DE LAS PLANCHAS DE NEFI

Por tanto, es un compendio de los anales del pueblo de Nefi, así como de los lamanitas—Escrito a los lamanitas, quienes son un resto de la casa de Israel, y también a los judíos y a los gentiles—Escrito por vía de mandamiento, por el espíritu de profecía y de revelación—Escrito y sellado, y escondido para los fines del Señor, con objeto de que no fuese destruido—Ha de aparecer por el don y el poder de Dios para que sea interpretado—Sellado por la mano de Moroni, y escondido para los propósitos del Señor, a fin de que apareciese en el debido tiempo por medio de los gentiles—A interpretarse por el don de Dios.

Contiene también un compendio tomado del Libro de Éter, el cual es una relación del pueblo de Jared, que fue esparcido en la ocasión en que el Señor confundió el lenguaje de los del pueblo, cuando estaban edificando una torre para llegar al cielo—Lo cual sirve para mostrar al resto de la casa de Israel cuán grandes cosas el Señor ha hecho por sus padres; y para que conozcan los convenios del Señor y sepan que no son ellos desechados para siempre—Y también para convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, que se manifiesta a sí mismo a todas las naciones—Y ahora bien, si hay faltas, éstas son equivocaciones de los hombres; por tanto, no condenéis las cosas de Dios, para que aparezcáis sin mancha ante el tribunal de Cristo.
Traducción original de las planchas al idioma inglés por José Smith, hijo.”
Como podemos ver el Libro de Mormón fue escrito para nosotros los descendientes de los lamanitas para que apareciera en estos precisos momentos, y por tal razón podemos aprender que realizaron nuestros antepasados con respecto a la violencia que ellos vivieron, ya que arriba de un 70% de los capítulos de este libro que tradujo José Smith toca temas de guerra, terrorismo, asesinatos, conspiraciones políticas, combinaciones secretas, amenazas, privación de la libertad, contenciones familiares y otras hostilidades.

Y nada de esto se ve en nuestros días verdad, ja ja ja.

¿Por qué preservaron tantos relatos de guerras los que llevaron los registros del Libro de Mormón? El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) respondió a esta pregunta de la siguiente manera: “Del Libro de Mormón aprendemos cómo viven los discípulos de Cristo en tiempos de guerra”. A continuación, hay algunas ideas para guiarnos al vivir en tiempos turbulentos.

Hay que ser obedientes y ejercer la fe.

Nefi enseñó que “las entrañables misericordias del Señor se extienden sobre todos aquellos que, a causa de su fe, él ha escogido, para fortalecerlos, sí, hasta tener el poder de librarse” (1 Nefi 1:20). Luego, Nefi dejó constancia de cómo el Señor libró a su padre de la gente que intentaba matarlo, libró a su familia de la destrucción de Jerusalén, lo libró a él y a sus hermanos del intento de asesinato de Labán y lo libró a él cuando Lamán y Lemuel recurrieron a la violencia (véase 1 Nefi 2:1–3; 3:28–30; 4; 7:16–19; 18:9–23).

Alma dijo esto a su hijo Shiblón: “…quisiera que recordaras que en proporción a tu confianza en Dios, serás librado de tus tribulaciones, y tus dificultades, y tus aflicciones” (Alma 38:5). Y Mormón observó que “aquellos que fueron fieles en guardar los mandamientos del Señor fueron librados en toda ocasión” (Alma 50:22). El élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, reafirmó este principio cuando dijo: “La obediencia permite que las bendiciones de Dios fluyan sin restricciones. Él bendecirá a Sus hijos obedientes con la liberación del cautiverio y del sufrimiento”5.

El Libro de Mormón también demuestra que incluso unas pocas personas rectas pueden asegurar la paz y la seguridad de una ciudad entera (véase Helamán 13:12–14).

Cuando los discípulos de Dios se ven obligados a sufrir los efectos de la guerra, Él les proporciona alivio. Cuando Alma y sus seguidores fueron tomados cautivos, inmediatamente se volvieron al Señor (véase Mosíah 23:27–28), y Él sin demora respondió: “Y también aliviaré las cargas que pongan sobre vuestros hombros, de manera que no podréis sentirlas sobre vuestras espaldas, mientras estéis en servidumbre… para que sepáis de seguro que yo, el Señor Dios, visito a mi pueblo en sus aflicciones” (Mosíah 24:14).

Jacob dijo lo siguiente a los puros de corazón de su época: “Confiad en Dios con mentes firmes, y orad a él con suma fe, y él os consolará en vuestras aflicciones, y abogará por vuestra causa, y hará que la justicia descienda sobre los que buscan vuestra destrucción” (Jacob 3:1).

Los profetas de nuestros días confirman esa verdad. El élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008) , del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “…aun cuando [Dios] no siempre intervenga en el curso de los acontecimientos, Él ha prometido paz a los fieles, incluso en sus pruebas y tribulaciones”7.

Y el presidente Benson dijo: “Aun cuando los tiempos se vuelvan peligrosos… si sólo ponemos nuestra confianza en Dios y guardamos Sus mandamientos, no tenemos por qué temer.

En el Libro de Mormón se han preservado algunos episodios de abuso y salvajismo inhumanos que nos ayudan a comprender por qué los discípulos del Señor, incluso profetas así como mujeres y niños inocentes, a veces sufren y mueren en la guerra. Por ejemplo, los malvados sacerdotes del rey Noé ataron al profeta Abinadí “y torturaron su carne con brasas, sí, hasta la muerte”. Antes de morir, Abinadí testificó: “…si me matas, derramarás sangre inocente, y esto también quedará como testimonio en contra de ti en el postrer día” (Mosíah 17:10, 13).

En otro caso de tortura y asesinato que se relata en el Libro de Mormón, los abogados y jueces perversos de Ammoníah quemaron a las esposas y a los hijos de los conversos; Alma y Amulek fueron llevados al lugar del martirio y se los obligó a presenciar la despiadada masacre.

“Y cuando Amulek vio los dolores de las mujeres y los niños que se consumían en la hoguera, se condolió también, y dijo a Alma: ¿Cómo podemos presenciar esta horrible escena? Extendamos, pues, nuestras manos y ejerzamos el poder de Dios que está en nosotros, y salvémoslos de las llamas”.

Alma le respondió: “El Espíritu me impide extender la mano; pues he aquí, el Señor los recibe para sí mismo en gloria; y él permite que el pueblo les haga esto, según la dureza de sus corazones, para que los juicios que en su ira envíe sobre ellos sean justos; y la sangre del inocente será un testimonio en su contra, sí, y clamará fuertemente contra ellos en el postrer día” (Alma 14:10–11).

El Libro de Mormón testifica con absoluta claridad que la iniquidad engendra la guerra. Ya sea que personas inicuas procuren obtener poder sobre los demás o que el pueblo en general permita que la maldad abunde sin control, el resultado es la guerra, los conflictos y la violencia.

Extractos tomados de la Liahona de mes de Septiembre del 2012.

 

Obispo Rubén Castelán

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